
Ernesto Tenembaum analizó en su editorial un cambio de tendencia en la opinión pública sobre el gobierno de Javier Milei. A partir de un relevamiento de distintas consultoras, planteó que la imagen positiva del presidente muestra una caída significativa en las últimas semanas, en paralelo a un deterioro de las expectativas económicas.
Según el repaso, Milei pasó de niveles cercanos al 50% de aprobación tras su victoria electoral a registros que hoy oscilan entre el 33% y el 40%, dependiendo de la encuestadora. Más allá de las diferencias metodológicas, Tenembaum destacó que existe un patrón común: la baja en la imagen positiva, el crecimiento del rechazo y un cambio marcado en el clima social.
Uno de los puntos centrales del análisis es el deterioro de las expectativas. Durante los primeros meses de gestión, el sostén político del Gobierno se apoyaba en una idea clara: aunque la situación actual era negativa, existía la expectativa de mejora a futuro. Ese factor, según distintas mediciones, comenzó a debilitarse.
En ese sentido, varias encuestas muestran que cada vez menos personas creen que el esfuerzo económico “vale la pena”, mientras crece el porcentaje de quienes aseguran que ya no pueden esperar una mejora. Para Tenembaum, ese cambio es central porque impacta directamente en la base de apoyo del oficialismo.
El análisis también incorpora el impacto del caso Libra, que suma presión sobre el Gobierno. En los últimos días se conocieron detalles sobre presuntos pagos vinculados a un empresario del mundo cripto hacia el entorno presidencial, incluyendo registros de transferencias y comunicaciones que forman parte de la investigación judicial.
A esto se suma el frente internacional. Tenembaum cuestionó el tono confrontativo del presidente en política exterior, particularmente sus declaraciones contra Irán, y advirtió que ese tipo de posicionamientos pueden implicar riesgos para la Argentina sin beneficio estratégico.
En conjunto, el editorial plantea que el escenario político empieza a mostrar señales de cambio. La combinación de ajuste económico, caída en las expectativas y controversias públicas genera un contexto más adverso para el Gobierno que el que mostraban los primeros meses de gestión.