
Una encuesta internacional volvió a sacudir el tablero político argentino. El último relevamiento de Atlas Intel, la consultora asociada a Bloomberg, muestra un deterioro en la percepción económica y una caída en la imagen del presidente Javier Milei. En su editorial en Radio Con Vos, Ernesto Tenembaum analizó los datos y planteó una pregunta decisiva: ¿Cuánto tiempo puede sostenerse un gobierno solo con expectativas?
Según el informe, más del 60% de los consultados califica como mala o muy mala la situación económica del país y cerca del 80% tiene una visión negativa del mercado laboral. La evaluación del presente pesa más que la promesa del futuro. Sin embargo, Milei conserva un núcleo de apoyo cercano al 40%, compuesto por votantes que todavía confían en que el ajuste traerá resultados.
El dato más sensible aparece en el recorte por género y nivel socioeconómico. La desaprobación crece con fuerza entre mujeres y sectores de menores ingresos. Si el electorado estuviera compuesto solo por mujeres, el presidente perdería con claridad; entre los varones, el escenario es más competitivo. En los estratos más bajos, el rechazo supera el 55%, mientras que el respaldo más firme se concentra en un segmento específico de clase media que aún respalda el rumbo económico.
Tenembaum también vinculó estos números con decisiones recientes del Gobierno y el clima empresarial. Mencionó la tensión con el titular de Paolo Rocca y el rol del ministro Federico Sturzenegger en la defensa de una apertura económica profunda. La pregunta que sobrevuela es si la liberalización acelerada puede sostenerse en un contexto de caída del consumo y conflictos laborales.
En paralelo, el escenario opositor muestra figuras competitivas en términos de imagen, como Axel Kicillof y Cristina Fernández de Kirchner, en un contexto de creciente malestar social y protestas vinculadas a la reforma laboral y el régimen penal juvenil.
Tenembaum concluye que la Argentina vuelve a entrar en una zona de paridad e incertidumbre. Un gobierno que todavía conserva un piso sólido de apoyo, pero enfrenta señales de desgaste en indicadores clave. Y una sociedad que, más allá de las identidades políticas, empieza a evaluar menos las promesas y más los resultados.