
En su editorial en Radio Con Vos, Ernesto Tenembaum trazó un paralelismo incómodo entre dos Argentinas que conviven sin tocarse: la del poder político que se reordena con eficacia en el Senado y la de la economía real que sigue mostrando señales de enfriamiento en el consumo y el empleo.
Para Tenembaum, la figura que mejor sintetiza el momento político es Patricia Bullrich. La ministra logró consolidarse como una pieza clave en la ingeniería parlamentaria del oficialismo, articulando acuerdos que le permiten a La Libertad Avanza ganar volumen propio en la Cámara alta.
El movimiento más significativo fue la promoción de Carolina Moisés como vicepresidenta segunda del Senado. La jugada no solo fracturó al peronismo sino que dejó expuesta una tensión de fondo: el discurso anti-casta conviviendo con acuerdos con figuras tradicionales del sistema político.
Tenembaum subrayó la paradoja: el oficialismo critica a la dirigencia histórica, pero necesita negociar con ella para garantizar gobernabilidad. En esa dinámica, Bullrich aparece como la dirigente con mayor capacidad de articulación y poder territorial dentro del espacio libertario.
La economía a dos velocidades
Mientras el oficialismo suma votos y ordena su esquema parlamentario, la economía muestra un comportamiento dispar. Según el análisis, hay sectores que traccionan —energía, minería y finanzas— y otros que retroceden, especialmente aquellos ligados al consumo masivo y que generan realmente empleo.
El crecimiento del PBI tiene un fuerte efecto estadístico de arrastre, pero no necesariamente se traduce en mejora perceptible para amplios sectores sociales. Comercio e industria, que concentran puestos de trabajo, siguen sintiendo el impacto de la caída del poder adquisitivo.
Tenembaum mencionó el caso de supermercados como La Anónima, que reportan retracción en ventas, y el cierre de pequeños comercios, especialmente kioscos y locales barriales. El contraste entre los indicadores macro y la experiencia cotidiana de los consumidores alimenta la sensación de una recuperación desigual.
Fútbol, poder y blindajes
El editorial también hizo foco en la dimensión política del fútbol. La conducción de Claudio Tapia al frente de la Asociación del Fútbol Argentino fue señalada como otro ejemplo de cómo se tejen redes de poder que exceden lo estrictamente deportivo.
En un contexto de reformas estructurales y tensiones institucionales, el fútbol aparece como un territorio estratégico donde se cruzan intereses económicos, políticos y simbólicos.
La pregunta de fondo
El eje del editorial fue claro: ¿puede sostenerse un esquema donde la política muestra capacidad de maniobra y ordenamiento, pero la economía real sigue sin dar señales contundentes de mejora para la mayoría?
Para Tenembaum, el desafío del Gobierno no es solo consolidar poder en el Senado o garantizar mayorías circunstanciales. La verdadera prueba estará en que los números macroeconómicos impacten en el bolsillo y en la actividad cotidiana. De lo contrario, la Argentina corre el riesgo de profundizar una brecha entre la estabilidad política y la fragilidad social.