
En su editorial de este viernes, Ernesto Tenembaum analizó en profundidad las recientes declaraciones del ministro de Economía, Luis Caputo, quien atribuyó parte de la inflación a un fenómeno de “demanda de dinero”: es decir, a la decisión de los argentinos de desprenderse de los pesos por desconfianza, comprando dólares o adelantando consumos.
Según Caputo, el problema no estaría en la emisión —que el Gobierno asegura tener bajo control— sino en una caída de la demanda de pesos, vinculada incluso a un “daño psicológico” heredado de experiencias económicas pasadas. Para Tenembaum, esta explicación simplifica un fenómeno mucho más complejo y profundo.
Para discutir esa idea, Tenembaum recurrió a un recurso tan histórico como efectivo: los monólogos de Tato Bores. A través de esos archivos, mostró que la obsesión por el dólar, la desconfianza en la moneda local y la tendencia a refugiarse en divisas extranjeras no son nuevas ni pueden atribuirse a un solo ciclo político como lo es el kirchnerismo. Por el contrario, forman parte de una conducta arraigada en la historia económica argentina desde hace décadas.
En ese sentido, el conductor plantea que la caída de la demanda de pesos —clave en la explicación oficial de la inflación— es un fenómeno estructural, que ha atravesado distintos gobiernos, modelos económicos y crisis recurrentes. La falta de confianza en la moneda, su pérdida de valor y los sucesivos cambios de signo monetario configuran un problema persistente que ningún ministro logró resolver de fondo.
Al mismo tiempo, Tenembaum puso en tensión el relato optimista del Gobierno sobre el rumbo económico. Si bien reconoció el potencial de desarrollo energético, especialmente a partir de Vaca Muerta, advirtió que los datos actuales de la economía muestran una realidad más compleja: caída del consumo, retracción de la actividad, descenso en importaciones y exportaciones, y expectativas negativas en sectores clave como supermercados e industria.
Este contraste entre expectativas a futuro y dificultades presentes abre interrogantes sobre el verdadero estado de la economía. Mientras el oficialismo habla de un escenario “ordenado” y proyecta un crecimiento sostenido, distintos indicadores reflejan una coyuntura marcada por la recesión y la pérdida de poder adquisitivo.
Tenembaum también abordó el impacto del contexto internacional. La suba del precio del petróleo, las tensiones geopolíticas y la crisis energética global aparecen como factores que podrían condicionar el desempeño económico de la Argentina en el corto y mediano plazo. En este marco, la gestión de Javier Milei enfrenta un doble desafío: sostener la estabilidad macroeconómica en un escenario interno frágil y, al mismo tiempo, navegar un contexto global incierto.