
El cierre de Fate y el paro nacional convocado por la CGT contra la reforma laboral representan el escenario político y social actual y Ernesto Tenembaum planteó un debate central sobre el rumbo económico del gobierno de Javier Milei.
Fate, una empresa con más de 80 años de historia en la Argentina, anunció el cierre de su planta y dejó a más de 900 trabajadores en una situación de incertidumbre. La noticia no solo impactó por la magnitud de los despidos, sino por lo que simboliza: una fábrica histórica, vinculada al desarrollo industrial y tecnológico del país, que no logra sostener su actividad en el actual contexto económico.
Durante la emisión de hoy de YAQPA se escucharon testimonios de operarios con décadas en la empresa, trabajadores que superan los 50 años y sienten que quedaron fuera del mercado laboral, y familias que dependen de ese ingreso para sostener estudios, vivienda y gastos cotidianos. “No es solo un salario, es un proyecto de vida”, resumió Tenembaum.
El cierre de la empresa sucede en simultáneo al tratamiento en Diputados de la reforma laboral impulsada por el oficialismo. La CGT convocó a un paro general con fuerte adhesión en transporte, vuelos, bancos y administración pública. En el Congreso, el Gobierno logró dictamen para avanzar con la ley, aunque debió retirar el artículo 44 sobre licencias médicas. El debate ahora continúa con otros puntos sensibles, como el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), en un clima atravesado por la movilización sindical y la presión social.
La “doble vara” libertaria
Uno de los ejes centrales del editorial fue lo que Tenembaum definió como una “doble vara” del oficialismo. Dirigentes y referentes cercanos al Gobierno, como Carlos Ruckauf, cuestionaron duramente al dueño de Fate, señalándolo por su fortuna personal y por haber decidido cerrar la planta.
Sin embargo, Tenembaum subrayó la tensión entre esa crítica moral y el ideario libertario, que históricamente reivindica la libertad de mercado y el derecho de los empresarios a actuar según sus incentivos económicos. “Si la economía se mueve por incentivos, no se le puede pedir a un empresario que pierda plata por razones morales”, planteó.
El editorial distinguió entre dos planos: si existiera delito, corresponde denunciarlo; si el problema es la distribución del ingreso, se trata de una discusión política e impositiva. Pero cuestionar moralmente la decisión empresarial parece chocar con el discurso que hasta ahora exaltaba la acumulación de riqueza y la no intervención estatal.
¿Caso aislado o fenómeno estructural?
El análisis fue más allá de Fate. Tenembaum enumeró otros indicadores preocupantes: la caída de la producción automotriz, con Stellantis suspendiendo temporalmente actividad en El Palomar, el descenso de la utilización de la capacidad instalada en la industria metalúrgica y el cierre de pymes en distintos puntos del país.
Según datos citados al aire, en los primeros dos años de gestión se habrían cerrado más de 22.000 empresas, un número comparable con períodos de crisis profunda. La pregunta que flota es si se trata de un proceso de “destrucción creativa” que dará lugar a una nueva estructura productiva o de un fenómeno de desindustrialización con efectos sociales difíciles de revertir.
Tenembaum también incorporó la dimensión internacional. El avance de China y la competencia global presionan sobre las economías nacionales. Mientras países como Brasil o Estados Unidos aplican medidas de protección en sectores estratégicos, la Argentina optó por una apertura más amplia de importaciones. El debate, entonces, no es solo ideológico sino estratégico: ¿cómo se defiende el capital nacional en un contexto de competencia global cada vez más intensa?
Empleo, calidad laboral y apps
Aunque los últimos datos oficiales no muestran un salto abrupto del desempleo, Tenembaum planteó otra hipótesis: el ajuste podría estar operando más sobre la calidad del empleo que sobre la cantidad. Más trabajos informales, más ocupaciones en plataformas digitales y menor ingreso real.
En ese escenario, el deterioro no siempre aparece en las estadísticas tradicionales, pero sí en el consumo, la morosidad y la caída del poder adquisitivo.