
El editorial de Ernesto Tenembaum en el marco de este 24 de marzo propone una lectura profunda sobre la construcción de la memoria en la Argentina, poniendo el foco en el rol central de la sociedad. Lejos de una narrativa impuesta desde el poder, el periodista plantea que el consenso alrededor de lo ocurrido durante la dictadura es el resultado de un proceso colectivo, sostenido durante décadas por millones de personas.
A partir de allí, reconstruye el inicio del período más oscuro de la historia reciente: el Golpe de Estado en Argentina de 1976. Tenembaum describe el contexto de crisis política, económica y social previo al golpe, y cómo, tras la toma del poder, se instauró un sistema de censura, represión y control que limitó la circulación de información y ocultó la magnitud del terrorismo de Estado. En ese escenario, la percepción social estaba fragmentada: se conocían casos aislados, pero no el alcance del plan sistemático.
Uno de los ejes centrales del editorial es el surgimiento de las primeras resistencias. En condiciones adversas, familiares de desaparecidos —especialmente las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo— comenzaron a organizarse y visibilizar sus reclamos. También destaca el rol de periodistas y figuras públicas que, en momentos clave, contribuyeron a romper el silencio, tanto dentro del país como desde el exterior.
El recorrido histórico avanza hacia comienzos de los años 80, cuando la presión social e internacional empezó a crecer, impulsando movilizaciones cada vez más masivas. Ese proceso tuvo un punto de inflexión con la recuperación democrática y la llegada al poder de Raúl Alfonsín, quien promovió el juzgamiento de los responsables de la dictadura, en un hecho inédito a nivel global.
En ese marco, Tenembaum resalta el valor del informe de la CONADEP y del “Nunca Más” como herramientas fundamentales para documentar los crímenes y consolidar una memoria colectiva basada en la evidencia. Los juicios a las Juntas, junto con los testimonios de sobrevivientes, marcaron un momento de revelación social: aquello que había permanecido oculto comenzó a salir a la luz con una fuerza imposible de contener.
El editorial también recupera el debate de fondo sobre cómo interpretar lo ocurrido en los años 70. A través de fragmentos de declaraciones de protagonistas de la época, expone la tensión entre quienes justificaban la represión en términos de “guerra” y quienes la denunciaban como un plan sistemático de violaciones a los derechos humanos. En ese contrapunto, aparece con fuerza la idea de que no hay justificación posible para el terrorismo de Estado.
Finalmente, el periodista plantea que esa construcción social de la memoria sigue vigente y que, aun cuando existen intentos de reinterpretar o relativizar lo ocurrido, hay límites que la propia sociedad argentina no está dispuesta a cruzar. En ese sentido, el 24 de marzo se reafirma como una fecha fundamental no solo para recordar el pasado, sino también para sostener un consenso democrático basado en la memoria, la verdad y la justicia.