
Ernesto Tenembaum volvió a enfocar su editorial en el duro contexto económico que atraviesa el país. Bajo la gestión de Javier Milei, la inflación bajó de manera marcada y el dólar se mantiene estable. Sin embargo, comenzaron a escucharse advertencias sobre el nivel de actividad, el consumo y el empleo privado.
La palabra que reapareció en la discusión pública es “estanflación”. El exministro Domingo Cavallo la utilizó recientemente para describir el escenario actual: estancamiento económico combinado con una inflación todavía significativa. A ese diagnóstico se sumó el presidente de Banco Macro, Jorge Brito, quien habló de un “estrangulamiento” de la actividad privada.
Para Tenembaum, el dato político no es solo la discusión técnica sino quiénes la están dando: referentes históricamente vinculados a políticas de mercado que ahora advierten sobre los límites del esquema vigente.
Cierres, despidos y consumo en caída
El periodista enumeró una serie de señales preocupantes: fábricas que reducen turnos, pymes que cierran, sectores industriales golpeados por la caída de la demanda y por un tipo de cambio que muchos empresarios consideran atrasado.
Mientras el Gobierno pone el foco en el orden fiscal y la desaceleración inflacionaria, distintos actores del sector privado advierten que la recesión podría prolongarse más de lo previsto. La pregunta que planteó Tenembaum es directa: ¿Alcanza con estabilizar las variables monetarias si la economía real pierde dinamismo? Y, además: ¿Se puede consolidar un proceso de crecimiento sostenible sin recomponer el consumo y el empleo?
En este contexto, Cavallo propuso acelerar correcciones: devaluación, actualización de tarifas y cambios estructurales que, según su visión, permitirían salir del estancamiento. Tenembaum puso el foco en la dimensión política de esa propuesta: ¿es viable aplicar un ajuste adicional cuando el humor social ya viene tensionado? El recuerdo de los años noventa aparece inevitablemente cuando el debate lo protagoniza el exministro. Pero la Argentina actual es distinta en términos sociales, productivos y de expectativas.
Un contexto global incierto
El análisis también incorporó el escenario internacional: tensiones comerciales en Estados Unidos, disputas arancelarias y un clima global menos previsible que condiciona a economías emergentes como la argentina. En un país con fragilidades estructurales, cualquier shock externo puede amplificar desequilibrios internos.