
En su editorial en Radio Con Vos, Ernesto Tenembaum definió la gestión económica de Javier Milei como un proceso “revolucionario” antes que reformista. No en el sentido clásico asociado a la izquierda, aclaró, sino como una transformación abrupta y traumática que busca destruir el sistema anterior para construir uno nuevo sobre sus ruinas.
La diferencia, según planteó, no es menor. Mientras otros gobiernos intentaron corregir desequilibrios procurando amortiguar daños en la transición, el actual parte de una lógica distinta: “Hay que cortar de cuajo”. En esa dinámica, lo que hoy se ve con claridad es la fase de destrucción. El interrogante es si la etapa de construcción llegará y en qué condiciones.
Una secuencia de cierres y despidos
Tenembaum repasó una serie de casos recientes que ilustran el impacto en el entramado productivo: fábricas textiles que suspenden personal, frigoríficos que cierran, empresas industriales que entran en concurso de acreedores y pymes que denuncian dificultades para competir frente a la apertura de importaciones.
En ese contexto, la Unión Industrial Argentina publicó un comunicado con una frase contundente: “Sin industria no hay nación”, en alusión a Carlos Pellegrini. La entidad advirtió sobre la pérdida de empleo y reclamó respeto institucional luego de reiterados cuestionamientos del Presidente hacia el empresariado.
Tenembaum subrayó que incluso compañías de peso y trayectoria comenzaron a expresar públicamente su preocupación. El conflicto ya no se limita a sectores protegidos o de baja escala, sino que atraviesa distintas ramas de la producción.
Fragilidad financiera y señales de alerta
A la tensión industrial se suma un frente financiero que vuelve a encender luces amarillas. El riesgo país, que había perforado los 500 puntos, volvió a acercarse a los 600. Las acciones argentinas registraron caídas y los movimientos internacionales de capital generaron inquietud en los mercados emergentes.
En diálogo con la periodista especializada Silvia Naishtat, Tenembaum analizó además el impacto del contexto internacional. La suba del precio del petróleo por la escalada bélica en Medio Oriente podría traducirse, si se sostiene, en mayores presiones inflacionarias en la Argentina. Un eventual aumento en los combustibles impactaría de lleno en costos logísticos y precios.
Para Naishtat, el escenario dependerá en gran medida de la duración del conflicto externo y del grado de aversión al riesgo global. En momentos de turbulencia, los capitales especulativos suelen replegarse primero, y economías con reservas limitadas quedan bajo observación.
La dimensión ideológica
El editorial también exploró la raíz conceptual del proyecto oficial. Tenembaum vinculó la narrativa presidencial con las ideas de Ayn Rand, autora que exaltó en sus novelas al empresario innovador enfrentado a un sistema burocrático y decadente. En esa lectura, parte del empresariado tradicional sería visto como un obstáculo al progreso y no como un aliado necesario en la transición.
Esa mirada, sostuvo, podría explicar el tono confrontativo hacia sectores productivos que reclaman gradualismo, crédito y protección frente a la competencia externa.
Entre la promesa y el riesgo
El Gobierno mantiene respaldo social en segmentos relevantes de la población, especialmente por la desaceleración inflacionaria respecto de los picos previos. Sin embargo, el debate que atraviesa el editorial es otro: ¿Puede sostenerse un proceso de ajuste profundo sin erosionar la base productiva? ¿Es posible destruir para luego reconstruir sin perder capacidades, empleo y tejido industrial?
En un mundo atravesado por conflictos geopolíticos, volatilidad financiera y reacomodamientos estratégicos, la Argentina enfrenta el desafío adicional de consolidar estabilidad macroeconómica sin desarticular su estructura económica.